Canto a mí mismo (45) [Walt Whitman]

2013, 9 junio

[…]

¡Oh, tiempo de la juventud! ¡Oh, elasticidad siempre en

expansión! ¡Oh, madurez equilibrada, florida y plena!

¡Mis amantes me ahogan!

Oprimen mis labios y se agolpan en los poros de mi piel,

me empujan por las calles y salas de

reunión . . . vienen desnudos a mí, de noche,

gritan de día ¡eh! desde las rocas del río . . . se

balancean y cantan sobre mi cabeza,

me llaman por el nombre desde los jardines, viñedos y

la intrincada maleza,

o mientras nado durante mi baño . . . o bebo en la

bomba de la esquina . . . o cuando el telón ha

bajado en la ópera . . . o echo una ojeada a la cara

de una mujer en el coche del tren;

irrumpen en todos los momentos de mi vida,

besan mi cuerpo con besos dulces y balsámicos,

pasando sin ruido puñados de su corazón y dándomelos

para que yo los haga míos.

 

¡Vejez que asciende espléndida! ¡Gracia inefable de los

días finales!

 

Cada condición no sólo se proclama a sí misma . . .

proclama a la que vendrá después y saldrá de ella,

y el oscuro silencio proclama tanto como otra

cualquiera.

 

Abro mi escotilla de noche y contemplo los sistemas

que se esparcen por el espacio,

y todos los que veo, multiplicados hasta donde puedo

descifrar, no llegan más que hasta los confines de los

sistemas más lejanos.

 

Se extienden más y más,

se expanden sin fin,

más lejos, más lejos, y siempre más lejos.

 

Mi sol tiene su sol y gira dócilmente a su alrededor,

forma con sus compañeros un grupo que describe un

círculo más amplio,

y lo siguen grupos mayores que convierten en puntos

insignificantes a los más grandes dentro de ellos.

 

No hay interrupción y nunca podrá haberla;

si yo, tú y los mundos, si todo lo que está debajo o

sobre su superficie, y toda la vida palpable, fuéramos

reducidos en este momento a una pálida bruma

flotante, eso a la larga nada importaría,

seguramente nos remontaríamos a donde estamos ahora,

e iríamos seguramente más lejos y luego más y más

lejos.

 

Algunos cuatrillones de eras, algunos octillones de

leguas cúbicas no ponen en peligro el momento ni lo

impacientan,

no son sino partes . . . el todo no es otra cosa que una

parte.

 

Por más lejos que mires . . . existe un espacio sin

límites más allá,

por más que cuentes . . . existe un tiempo sin límites

antes y después.

 

Nuestra cita ha sido fijada a la perfección . . . Dios

estará esperando a que lleguemos.

 

[…]

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