Prends ça dans ta gueule [I]

2017, 15 septiembre

Llegué a la caña como cualquier tarde aunque pensando en los días que iba a pasar en casa. Entré en el Black Velvet (la Oficina), aspirando el clásico aroma entre humedad y cerveza de cuando aún no hay mucha gente. Estabais en la segunda mesa grande, tú de cara a la puerta, X. a tu derecha, I. en frente a él.

Ahí estabas. Con la camiseta de Brian y Stewie, hablando de París, del paquipoteo, riendo. Y yo luchando por no echarme a tu boca, que se movía al el ritmo en el que nos follábamos debajo de mi piel. No entendía nada, sólo tenía ganas de morderte.

A mi vuelta era la soirée decisiva de I. con M. (las vueltas que da la vida) y nosotros nos emborrachamos como jodidos diablos en aquella primera vez en la Maison à Réaction. Era el puto paraíso y me estabas poniendo tanto que te pegué, te pegué con ganas, tenía tanta rabia dentro que no sabía qué hacer, y a ti se te ocurrió empujarme contra el muro y cogerme por el cuello. Aún tengo el tacto firme de tu mano en mi yugular sudorosa y tus pupilas llenas de risa en las mías, desbocadas. Al día siguiente tenía una resaca infernal y tal atracón de amor y excitación que no podía digerir.

Contaba los segundos hasta los fines de semana.

Aquella noche estaba preparando la cena en la cocina y tú ponías la música desde el salón. Black Keys, Vampire Weekend, la lista de antes de. Hablábamos de cualquier cosa y de repente, empezó a sonar lo más bonito que oí en mi vida. Me acuerdo como si fuese hoy y todavía se me eriza el cuerpo entero, fue una hostia de felicidad en mis oídos y salí de la cocina disparada. Qué es esto ? Tu reías sin creerme cuando te decía que no conocía Standstill. Mírame aquí, llorando como una capulla cinco años más tarde y después de dos años sin verte. El día en que conozca a la mujer de mi vida le pondré esta canción. Y yo quería follarte y quería llorar.

Cómo pudimos estar tan vivos esos cuatro meses y medio ?

Los nachos con queso, los kebabs griegos, el helado de dulce de leche. Y cuánta cerveza. Cuántas conversaciones. La vuelta al mundo en sexo, drogas y rock and roll. The End de The Doors, tantas veces. Cuando se acabó con C. te preguntabas y si era ella la mujer de tu vida -No -Por qué estás tan segura ? Me mordí tanto la respuesta que me hice una herida terrible en los labios y creé un wiki en el que invité a la gente a imaginar la pregunta que tenía por respuesta -Porque esa soy yo. Nadie acertó. Nadie podía acertarlo salvo mi estómago, que se hacía un maldito gurruño cada vez que te pensaba. Era tan feliz que me dolía.

Las historias de éxitos y los fracasos. Culochachi, la risa, la pera. No te terminas el arroz y S. se muere entre carcajadas. La chica de tu vida tiene que ser euskalduna. Tu familia. Tú.

Cuando nos fuimos a S×E× para guardar algo de dignidad antes de que te marcharas a P× pusiste Adelante, Bonaparte en el coche. Joder, por qué no osé. Por qué nunca me atreví. Porque nunca lo creí. Demasiado gorda en tu book, insuficientemente genial, no era M× ni C× ni ninguna de ellas, pero me pusiste esa jodida canción tantas veces que me hervían la sangre, las hormonas y el cerebro y aquí estoy, cuatro años después intentando que se calmen.

Nunca en mi vida vi tantos animales muertos como en tu último día en B×. Ratas, palomas, gatos, tuve miedo que el mundo se viniese abajo y no sólo en mi cabeza. -Estás maquillada -Hago lo que mi madre me dice: cuando estés triste, maquíllate. Podría haberme untado kilos de colorete, disfrazarme de cabezudo o de lo que fuese, no habría habido puto consuelo que disimulase aquel congojo. Y me empeñé en llevarte en coche a la estación con la esperanza de que perdieses el tren. Estábamos parados como gilipollas en un atasco imposible y te hacías el enfadado, la música a fondo. Me miraste y me dijiste que la felicidad era esto. Y yo pensé que aquella noche B× iba a ser un cementerio zoológico con toda la tristeza y las ganas de morderte que yo acumulaba dentro.

Diez días en P× contigo y la ciudad se fue al carajo para siempre. La línea 4, la cuesta en la que está la tienda de las cervezas frescas, los reyes muertos, el tranvía dépaysé, las pintas a tres euros, la residencia, todos los parques, la triple Karmeliet, dormir a tu lado tantas noches, los garitos y escenas improbables, los kilómetros de paseos, recogerte en St.L× y reírme de ti porque llevas una jodida camisa, correr porque es un train court y joder, amor ! amor !! amor !!! Los pétalos de los cerezos y tantas ganas de estrecharte entre mis brazos que me duelen las costillas y joder, no puedo volver a P× sin volver a verte en cada acera. Y mierda, voy a menudo y siempre estás ahí. Y otra vez te cuento por qué no voy a dejar a A. mientras pienso en arrancarte la ropa y morder tus clavículas.

BR×, aún más lejos, por qué no vuelves a B× ? Por qué coño quieres estudiar inglés ?

[…]

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